En su entrevista con periodista Bill Moyers titulada “The Hero’s Adventure,” Joseph Campbell discute la relación entre héroes y todas las formas diferentes en que existen. Como Campbell explica, aunque la imagen del héroe—su apariencia estética y sus acciones especificas que justifican su título como héroe—difiere entre culturas, cada acto heroico posee las mismas cualidades. Generalmente hablando, un héroe es una persona que ha dado su vida a algo más grande que sí mismo. Según a Campbell, dar la vida a algo más grande que sí mismo puede ser interpretado en muchas maneras diferentes pero un tema básico del viaje universal del héroe existe. Un acto heroico supone una transformación—una muerte y una resurrección—donde él se sacrifica para algo de un bien más noble, inicialmente pensar un modo y ahora pensar otro modo diferente. Normalmente, es un ciclo: una partida de una condición y descubrir el fuente de vida que te traerá a una condición más rica y madura. Por ejemplo, tal como el acto de dar a luz es heroico porque la madre está entregándose a la vida de otra persona, claramente significando un sacrificio para un bien más noble, Hans Solo deja atrás su vida como mercenario y salva la vida de Luke Skywalker, a fines de Star Wars así que comete un acto heroico por sacrificarse por otra persona. En otras palabras, la aventura de Solo evocó una cualidad de su carácter que él no sabía que poseyera. Perduró una transformación; mientras hubo una muerte en un lado de su personalidad, una nueva cualidad nació que sacó un mejor, lado alto en su personalidad que no existía antes.
Aunque el concepto del héroe aparece estar disminuyendo en este mundo cada vez más “mecanístico” que “es insensible a la buena disposición espiritual” según a Campbell, es innegable que podemos observar tales transformaciones durante nuestras propias vidas. Desde el principio hasta el fin de mi estancia en Barcelona, constantemente me fui enfrentado con obstáculos sociales. Al llegar allí, tuve una desgana hablar español a españoles con la misma comodidad como ésa en mis clases españolas con mis compañeros en los Estados Unidos. Sin duda, con esta actitud nunca trabaría amistad con otros catalanes, ni mucho menos conocer a chicas. En el principio de mi estancia, encontré barreras semejantes todo el tiempo. De más está decir que esto era sumamente desconcertante, incluso un poco espantoso a veces. Me sentí como una persona de fuera y que Barcelona no era para mí. Además, nunca mejoraría mi español, una de las razones más importantes por qué decidí venir a Barcelona por cuatro meses en el primer lugar. Rápidamente me di cuenta de que por ponerme en esta posición, estaba dejándome a una gran desventaja. Como consecuencia, tuve que cambiar o continuaría viviendo una vida en Barcelona sin amigos y sin contacto y interacción con la cultura catalana, sus tradiciones, y todas las cosas que estas tienen para ofrecer. No obstante, me obligué corregir mi hilo de pensamiento. Tuve que poner de lado mis diferencias—mis matices y idiosincrasias—y aceptar que esta estancia fue una oportunidad única. Ahora, en vez de ser nervioso sobre integrarme con sociedad, mi objetivo fue embrazar esta cultura y su gente en cada manera posible. Aunque no puedo decir que estoy de acuerdo con la interpretación del héroe de Campbell, es evidente que yo experimenté una serie de transformaciones—experiencias que abrieron mis ojos para ver cosas que estaba demasiado ciego para ver antes—que elevaron mi ser interior a un nivel más alto y más bien. Mientras pienso que sería un poco tonto llamarme un héroe, abrir mis ojos me permitió tener los mejores cuatro meses de mi vida.
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