La lectura de Hall es muy interesante porque vemos como el autor analiza y compara la cultura americana con otras culturas en países de Europa y el medio oriente. Me pareció interesante aprender como el espacio privado de los americanos es tan importante para nosotros pero para otras culturas como la cultura Árabe es lo opuesto. Es increíble que para los árabes estar con alguien en un espacio vacío tan cerca de otra persona es normal mientras que eso le puede resultar incomodo a un americano. No sé si sólo los árabes hacen esto pero yo recuerdo que cuando fui a Londres para visitar hace un semestre, me subí en el metro y siempre estaba tan lleno que el aliento de las personas que me rodaban lo sentí y me resulto muy incomodo, tal y como dijo el autor. En cambio en Barcelona, la gente no estaba tan cerca de uno en el metro. Cada quien tenía su espacio, tal vez porque el sistema de metro funcionaba muy bien pero era muy rara la vez en que uno estaba tan cerca de alguien.
Otro cosa que me resulto interesante se trato de cómo los franceses urbanos les gustaba apreciar el espacio libre para congregaciones y así poder aprovechar al máximo el medio ambiento o parques. Esto es interesante porque yo soy de Nueva York en donde el único espacio que hay para congregaciones son los parques durante el verano. En cambio en Barcelona muchos edificios tenían un espacio en donde los niños podían jugar en la tardes. Varios edificios compartían este espacio, además cerca de mi casa había un pequeño espacio en donde los niños jugaban todas las tardes y los adultos también jugaban un juego todos los domingos por la mañana. Nunca supe el nombre de esté juego pero lo que me encanto fue ver que los viejos y los jóvenes jugaban esté juego como si fuera una reunión de vecinos. Era increíble ver como muchos edificios tenían un espacio de congregaciones en la mayoría de las calles a pesar de ser una ciudad. Aun que no tuvieran juegos, era un espacio amplio para que los niños jugaran. Esto me hizo envidar a los niños de allá porque ellos tenían ese espacio a pesar de vivir en una ciudad como Barcelona. Aquí en los Estados Unidos es muy raro ver un parque o espacios dentro de los vecindarios como un espacio reservado para los niños de esa comunidad.
Para concluir, otra cosa interesante era como los ingleses escribían cartas en vez de usar el teléfono. Según ellos, el teléfono era algo molestoso porque no sabían si la otra persona estaría ocupada así que escribirle una carta sería mejor. Yo no crecí con la costumbre de escribirle cartas a alguien y aun cuando mi madre le escribía cartas a mi abuela cuando era pequeña siempre le preguntaba porque lo hacia si ella hablaba con mi abuela por teléfono cada semana. Ella sólo me respondía que lo hacía para que viera que se acordaba de ella. Hoy en día, para que yo le escriba una carta a alguien seria un detalle amable porque en realidad puedo usar el teléfono y charlar con esa persona un rato ya que sería fácil y más rápido. Pero si decido escribir una carta seria tomarme mi tiempo y tendria que llevarla al correo. El hecho de que no pienso si la persona estará ocupada cuando les llamo como los ingleses lo hacen no significa que intento ser grosero. Cuando yo hago llamadas estoy consciente de la hora y trato de hacer la llamada durante el día después que la persona haiga salido del trabajo para ser prudente. Esta es mi manera de ser amable y no un grosero.
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