Tuesday, February 9, 2010

Sarah Millar - Carroll 2

En la segunda parte del artículo de Carroll, sobre los temas de amistad, padres e hijos, y parejas, encuentro que estas diferencias culturales, que no me aparecían antes, son obvias. Cuando estuve en Barcelona tenía mucha suerte en vivir con una madre con su hija, y así entonces creía que sabría cómo actuaban al termino de mi estancia. Sin embargo, nunca oí mi madre española gritando ni molestada por su hija, aunque obviamente la Magda pequeña era muy diferente de lo que quería su madre (que quiere decir que el “punk” no cae bien con la Magda mayor). Pero cuando pienso en la situación, creo que ni mi madre ni mi padre me castigarían enfrente de una persona que, aunque estuviera viviendo con mi familia, no realmente era parte de la familia. Mi hermana me dijo algunas veces que mi madre le castigaba por vestirse de la moda “punk rock,” y decía que no era “profesional.” Sin embargo, cuando hablábamos de su pelo razado y la ropa que lleva durante la cena, la madre siempre hablaba de su hija con cariño, burlándose de su moda. Cuando leía el discurso de Carroll, entonces, sobre la diferencia entre familias francesas y las americanas, me di cuenta de que la familia con la que vivía en Barcelona era tal como la mía en respecto a la castigación de los hijos. Claro, cuando tenía 3 o 4 años, mis padres no se dejaban de castigarme en público porque obviamente no comportaba bien todo el día. Pero cuando estaba en la escuela secundaria y al punto de ir a la universidad, si no comportaba bien mis padres esperaban hasta que llegábamos a la casa, y a veces esperaban unos días para que me pusiera incómoda. Creo que lo mismo pasó con mi hermana en Barcelona, pero a diferencia de la familia francesa, me parece que las familias americanas y españolas tienen un poco un común, o lo tienen cuando hay una extranjera viviendo en la casa.

También en términos de la amistad, he tenido mis propias experiencias con la disonancia entre el concepto de ella en un país contra otro. Cuando me quejé a mi hermana de “drama” que había pasado entre mí y los que llamarían mis amigos, siempre me preguntaba, “¿por qué es tú amigo si siempre hace estas cosas?” Para mí, aunque algunas personas en el programa no fueron mis mejores amigos, todavía intentaba conocerlas. En mi mente, el hecho de que estábamos en Barcelona juntos significaba que ya éramos buenos amigos. Para mi hermana, no obstante, la idea de que podía llegar a un país con muchas personas que no conozco muy bien y considerarlas mis amigos casi instantáneamente era absurda. Conocí a solamente dos de sus amigas, porque solamente consideraba pocas chicas sus amigas de verdad. Este me hacía pensar en el concepto de amistad americano: he oído y he leído que muchas consideran la amistad americana muy superficial, que no tenemos diferencia entre nuestros mejores amigos y nuestros conocidos. Pero yo diría que los americanos, como una cultura, valen su amistad tal como los europeos, pero la ofrecemos a cada persona, no sólo a las que hemos conocido por mucho tiempo.

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