Ambos “Corazón y cabeza” por Ortega y “Rasguñas en la mente” por Isaacs toca en nuestro fracaso rotundo reconocer apropiadamente y percibir a personas de otras culturas. En general, tendemos a recurrir a conveniencia, no decoro y lo políticamente correcto, para formular las percepciones de realidades. Mientras Issacs culpa la diseminación cada vez más generalizada de información sobre pueblos extranjeros para facilitar este problema de desarrollar opiniones y caracterizaciones preconcebidas, Ortega toma este reclamo un paso aún más por afirmar que este avance del conocimiento y el progreso intelectual han estado acompañados de un “retroceso sentimental.” Teniendo en cuenta “las raíces de la mente están en el corazón,” esta “incultura cordial” cada vez más profunda causa una desconexión entre estos dos y nos deja con, según Ortega, un proceso de pensamiento más estrecho y debilitante tratado en la declaración fundamental de la filosofía Occidental de Descartes, “pienso luego soy.”
Desafortunadamente, criándome en una sociedad Occidental fundada en y arraigada en tradiciones y filosofías Occidentales originadas por nuestros antepasados, como Descartes, dificulta abandonar instantáneamente tales ideales. Y, mientras estoy de acuerdo con la suposición de Ortega que hay un vació ampliado entre el corazón y la mente, es difícil imaginarse un mundo donde percepciones prejuiciados que resultan de la suscripción de personas al acceso cada vez más fácil a la información de todas facetas de la vida deja de existir—incluso si el cultivo apropiado de nuestro lado emocional fue dado más atención. No obstante, nosotros siempre podemos procurar mejorar este aspecto restrictivo de nuestro ser interior. Aunque me gustaría pensar que mi decisión viajar en el extranjero en primer lugar me da la distinción de tener una mente más abierta y un corazón más “cultivado” (en las palabras de Ortega), yo no puedo negar que soy culpable de pensar en esta manera presuntiva y de mentalidad cerrada que Ortega condena y de poseer “una cierta dosis de ceguera.”
Al llegar en Barcelona, yo sea perplejo y agobiado con mis alrededores e incluso crítico de ellos a veces. Yo me pregunté con frecuencia por qué la aduana fue llevada a cabo como ella fue, inicialmente resentido que estos variaron de las normas de la vida cotidiana en los Estados Unidos. Al final, sin embargo, me di cuenta de que este desdén estaba dificultando y restando de mi experiencia en el extranjero y que si esto continuó, yo me quedaría un afuerano que mira en y me prevendría de tomar ventaja llena de la oportunidad concedida a mí. Por lo tanto, unas pocas semanas después de mi llegada hice todos los intentos abandonar mi intuición preconcebida y absorber tradiciones catalanas. Mi integración empezó con adaptar a tradiciones con que pude relacionar fácilmente. Como un amante de deportes, fue fácil compadecerme con el mejor equipo profesional de fútbol en el mundo, el Barça. Jugadores como Messi, Puyol, y Henry fueron emblemáticos exactamente en la misma manera que estrellas atléticas como James, Bryant, Manning, Brady, Papelbon, Rodriguez, y Sabathia fueron en los Estados Unidos. Además, admiré mucho el pavoneo y orgullo que ellos llevaron para su equipo y el territorio y la ciudad que ellos representaron, un concepto de lealtad que está haciéndose cada vez más ignorada en el mundo de deportes profesionales de los Estados Unidos donde jugadores y entrenadores constantemente y imprudentemente botan entre equipos. Fue también fácil para mí absorber tradiciones culinarias aclamadas de Barcelona. Mientras inicialmente recurrí a comer cosas con que sea familiar, yo me di cuenta de que la cocina de Barcelona fue una de las cosas más queridas que la ciudad ofreció y una de la más sabrosa y diversa que yo había probado en toda mi vida.
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