Wednesday, February 3, 2010

Sarah Millar - Carroll

Durante todos mis estudios de español, he encontrado ciertas fronteras que de verdad no sé todavía si las he pasado. Hace muchos años, cuando asistí la primera clase de español en el colegio, creía que la única sería hablar con fluidez. Mi único miedo fue que no sabía muchas palabras de la lengua sino “hola” y “adiós,” pero en este momento no me importaba. No sabía que sería tan difícil aprender tanto vocabulario y tantas conjugaciones para hablar un idioma que todavía hablaba pensando en inglés. Aunque todavía no tengo fluidez como quiero, me ha dado cuenta de que hay más obstáculos que simplemente hablar como un hispanohablante. Todo a lo que refiere Carroll he encontrado con la lengua de español en una capacidad, en un momento u otro. Cuando fui para la primera vez a España, no había estudiado mucho de la cultura española sino que había enfocado en la lengua misma. Entonces, me parecía que el único desafío que tenía era comunicar con la familia con que estaba viviendo. Cuando fui a Barcelona (y también a Ecuador), tenía mucho más información sobre la cultura, pero todavía creo que no entendía claramente las distinciones entre la mía y la suya. Podía entender todo lo que decían mi madre y mi hermana, pero algunas veces no sabía porque estaban riendo o, en la misma forma que describe Carroll, porque una no le deja a la otra terminar. En nuestra clase de español, la profesora nos dice que deberíamos hablar “como españoles”: más específicamente, ella quería que habláramos sin dejando pausas en la conversación. Como todos los estudiantes eran americanos, no funcionaba como quería. Nuestras concepciones de la etiqueta de la conversación son tan integrales en nuestras mentes que es casi imposible imponer nueva forma de conversar. Cuando intentaba hablar “como español,” me sentía muy incómoda porque quería oír todo lo que quería decir la otra persona. Eso no quiere decir que los españoles (ni los franceses, aunque tengo otras opiniones de ellos…) no les importa la conversación o lo que dice sus compañeros, sino que hay unas connotaciones muy diferentes de interrumpir y conversar en la cultura española y catalana. Lo más difícil para mí específicamente también era el humor de los españoles. En los EE.UU. ya tengo un “sentido de humor” un poco raro, pero a la vez debido a mi cultura entiendo ciertas bromas que son como parte de un humor “americano.” Cuando mi hermana hablaba conmigo, entonces, aunque sea en inglés o español, a veces no sabía si debería reír, o en qué sentido debería actuar. Creo que una estancia mucha más larga es necesario para acostumbrarme no sólo al sentido de humor de los españoles, pero también la lengua como una expresión de la cultura.

Dicho eso, cuando leía la lectura de Carroll “Home,” no estaba de acuerdo con todo lo que dice cuando lo comparaba con el caso español. Cuando estaba en Sevilla mi familia actuaba tal como una en su ejemplo: estaba en la casa simplemente por razones económicas, entonces no podía integrarme en la familia ni en la casa. Bueno, aunque creo que mi familia en Barcelona era extraordinaria, entonces quizás es una excepción (pero no pienso que la es), pero mi madre y mi hermana me invitaban a explorar toda la casa: todas las habitaciones, la cocina, ambos baños…Y ellos temaban más que yo que no me sentiría cómoda en la casa como una de ellas. Siempre me animaban entrar en la concina cuando no estaban, mirar la tele con ellas, etc. Y al contrario a lo que dicen los profesores de Trinity antes de irme, mi madre y mi hermana querían que invitara mis amigas a la casa. Después de solamente unas semanas, me sentí que estaba en un hogar en lo cual podía ser cómoda. Aunque todavía no he pasado todos los obstáculos, sigo aprendiendo y experimentando con mi consciencia de la vida española y como se la compara con la mía.

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