Frykman habla de dos cosas que me interesaba mucho. La primera, el tabú, es algo que experimenté en cada país en que he estado, pero especialmente en España. Como hemos discutido, los españoles (y los europeos en general) estereotipan los americanos como “pudorosos.” En nuestra cultura, hablar del sexo o de algo crudo es inaceptable: nuestro pudor nos hace incómodos hablar de ellos. Se lo puede ver en la media que tenemos en los EE.UU. en comparación con la de Barcelona. Recuerdo específicamente un anuncio para una tienda de bolsos que mostraba el peno de una mujer. Como americanas, mis amigas y yo no podíamos entender cómo se permite que este anuncio fuera legal. En los Estados Unidos, nunca podíamos tener este anuncio sino en las tiendas de porno. Pero en España, obviamente, la gente no tiene el mismo tabú que los americanos en hablar de y ver el sexo en público. En hablar abiertamente de ello, yo creo que los españoles se hacen que el sexo no tiene el mismo significado que tiene en los EE.UU., y por eso tiene un papel muy diferente en ambos países. Si miramos la tele en los Estados, justamente veremos un anuncio o programa que habla de los crímenes de sexo. La violación, la pedofilia, etc. tienen un rol muy grande en este país (por ejemplo, “To Catch a Predator). Cuando miraba la tele en España con mi hermana, nunca oí ni vi un anuncio sobre ninguna de ellas. Claro que puede ocurrir, pero el punto es eso: en los EE.UU., nos preocupamos sobre lo malo del sexo, siempre intentando desalentarlo. El sentido en Europa, sin embargo, es que el sexo es un parte natural de la vida: como seres humanos tenemos sexualidad. Así entonces, ¿cómo podemos restringir algo tan natural, tan humano? Puede ser que el pudor de hablar y actuar del sexo en los EE.UU. se hace posible estos crímenes; si restringimos lo natural, una se puede usar la violencia para obtenerlo.
Con el artículo de Fiddes también puedo conectar mi vida en Barcelona perfectamente. Yo soy un fan ávido de la comida americana; hay ciertas comidas sin las cuales no puedo sobrevivir. Cuando estaba en Barcelona, sin embargo, tuve que acostumbrarme a la comida allí para rellenar lo que me faltaba. Antes de irme sabía que me gustaba muchísimo el aceite de olivo y el pan mediterráneo, pero a la vez quería mi Smartfood popcorn y los buffalo chicken cheesesteaks. Me gusta todos los tipos de comida, entonces comer en Barcelona no era muy difícil, pero algunas veces me sentía que me faltaba un gusto, un sabor que solamente podía encontrar en los EE.UU. Ahora que hay tiendas que venden la comida americana, no es tan difícil vivir sin mi comida favorita, pero intenté evitarla. Mi hermana, sin embargo, no podía de ninguna forma entender cómo me gustaba peanut butter. Ella lo probaba (incluso los Reeses) y para ella era como una tortura. Le decía que para mí, estos sabores son casi esenciales. Cuando ella me convencía probar un pastel español, no podía creer la diferencia que encontré. El postre en los EE.UU. siempre es muy dulce, algo que tiene un sabor muy diferente de la cena principal. En comer el pastel, me sentí que era muy feculento, un sabor que no me gusta en los pasteles. No es malo el sabor, sino que no lo esperaba. Lo más interesante, sin embargo, era el melón con jamón…creo que nunca voy a entender el atractivo de esta comida.
Monday, February 22, 2010
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