Tuesday, February 16, 2010
Sarah Millar - Hall
Lo que me gustaba del artículo de Hall más que los otros artículos que hemos leído es que habla no sólo del espacio en la manera en lo cual lo usamos, sino también del espacio físicamente. Recuerdo que cuando asistía unas clases de la historia del arte, me sorprendió el arte del mundo este, especialmente el de Japón. Para mí, aunque me gustaba la idea de organizar una habitación o sala como los japoneses, sabía que nunca podía vivir de esta manera porque estoy tan acostumbrada a la mía. Dicho de otra manera, aprecio como pueden vivir los japoneses, y de una manera tengo celos de su comodidad en el espacio que yo considero vacio. Pero en términos de la diferencia entre España y los Estados Unidos, en general hay una diferencia clara en cómo viven, y cómo son los hogares en ambos países. Mi casa en los EE.UU. es bastante grande, especialmente comparada con el apartamento en que vivía en Barcelona. Pero con lo que he aprendido de las diferencias culturales entre los EE.UU. y España, ahora entiendo que el espacio de la casa tiene un sentido muy diferente en los dos. Creo que mis padres comportan en la generalización de los americanos: ahorraban su dinero para que pudieran comprar una “casa de sueños,” una casa muy grande que implica mucho éxito de la familia y un estilo de vida muy flujo. Aunque yo no creo que mi familia realmente viva una vida muy lujosa, reconocía que la importancia del hogar para los españoles no tiene mucho que ver con “pies cuadrados” sino en lo que consiste adentro. La familia española no necesita mucho espacio para disfrutar de la vida en el hogar. En mi apartamento en Barcelona, solamente había lo que yo consideraría lo mínimo, porque solamente había las salas necesarias. Pero me gustaba vivir de esta manera: me daba cuenta de que el espacio que tengo en mi casa en los EE.UU. realmente no es necesario, sino un lujo. (Sin embargo también me doy cuenta de que las diferencias entre espacio público y privado son muy grandes, entonces las diferencias en las casas también tiene que ver con esta separación) Pero también me gustaba mucho como Hall describía las diferencias en el espacio público, como la organización de ciudades diferentes. Admito que cuando estaba en Europa por la primera vez, encantaba cómo caminan las calles en líneas estrechas y curvas; pero a la vez no podía orientarme en la ciudad. Siempre digo que tengo que perderme en una ciudad para saber por dónde voy, y como siempre era lo mismo en Barcelona. A diferencia de la ciudad de los EE.UU., más bien Nueva York, no era tan fácil caminar entre dos puntos porque los nombres de las calles no seguían de una forma muy clara. En los primeros días en Barcelona, mis amigas y yo probábamos caminar por todas partes para que supiéramos nuestra orientación en la ciudad. Muchos americanos que estaban en Barcelona, por otra parte, no sabían por dónde venían sino el metro. Dicho eso, no prefiero Barcelona ni Nueva York en su organización, porque creo que sólo hay que vivir en y experimentar de una ciudad para orientarse dentro de ella.
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