Monday, March 8, 2010

Sarah Millar - Pratt

Me gustaba mucho el artículo de Pratt porque creo que acercaba al diálogo que tengo dentro de mi misma mente. Cuando volví de Barcelona, no sabía claramente cómo explicar mi experiencia a mi familia ni mis amigos. Recuerdo que, al principio, solamente dije que me ha ido muy bien Barcelona, que la ciudad era muy bonita, etc. Pero cuando alguien me preguntó por qué me había disfrutado de la ciudad, creo que respondí simplemente con lo que Pratt llamaría información. Hablé sobre los restaurantes que eran buenos, donde fui durante las noches en los cuales salí, y cómo eran las clases de la universidad. Creía, supongo, que haría una conexión más íntima con la persona con quien hablaba. Quiero decir que, a través de darle solamente información, la persona podía entender más claramente cómo era la ciudad. Si hubiera dicho solamente lo que me sentí en la ciudad, creo que no habría sido tan comprendida. Dicho eso, sin embargo, la cosa más importante para mí claramente es el sentimiento que asocio con la ciudad. Y aunque quiero compartirlo con mi familia y mis amigos, creo que solamente hablar del sentimiento no hace justica al cómo me siento realmente.

En el contexto del discurso de Pratt, creo que el cambio a un discurso más informático en la literatura del viaje es debido a casi la misma cosa. Ahora, cuando vemos aconsejas para viajes, la descripción del lugar casi siempre incluye más información que sentimiento. Describe el clima, arquitectura, y ambiente del lugar como si cada persona que hubiera ido a ello habría tenido el mismo sentimiento. A diferencia de lo que dice Pratt, sin embargo, creo que ahora las maneras de escribir estas descripciones son un poco mezcladas. Una descripción de las Bahamas, por ejemplo, escrita por un crítico de viajes, dirá información sobre las islas de un modo personalizado. El autor nos dirá lo bueno y lo malo del lugar, diciendo que es su opinión, pero en realidad en leer las descripciones así tenemos fe en lo que dicen. Además, ahora la mayoría de evaluaciones de “lugares de viaje” casi no dicen nada de personalidad en sus palabras. En Barcelona, tenía el libro “Top 10 in Barcelona,” que solamente lista los lugares más famosos de la ciudad y pocos hechos de ellos. Si la descripción tenía alguna descripción más allá de la información, era muy generalizada; por ejemplo, en describir la Sagrada Familia, el autor diría “es magnífica,” no “me sentí intimidado de la grandeza de la catedral.” Así, creo, los críticos y los autores hacen que la persona que va a los lugares más conocidos puede deducir sus propios sentimientos. Y así pienso que es mejor: cada persona actúa y comporta diferente, igual como todas se sienten de maneras diferentes. Intentar explicar a una persona cómo me sentía en Barcelona, entonces, es muy difícil porque no sé cómo es la persona con que hablo. Con mi familia, como ya sabe como actúo yo, puedo explicar un poco porque ellos pueden ver la ciudad a través de mis ojos. Pero como cada persona ve cada cosa de una manera diferente, la evolución de la descripción informativa es natural para dejar la interpretación al viajero mismo.

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