Aunque me interesa mucho de lo que dice Anderson, lo más importante para mí es el discurso del poder de la lengua. En cada una de mis experiencias de la lengua, me ha dado cuenta de que implicaciones de poder son inseparables de ella. Por ejemplo, cuando hablo con un profesional o una persona más vieja que mí, no hablo de la misma manera en la cual hablo con mis amigos. La lengua coloquial, entonces, es limitada a las personas con las cuales me siento cómoda, con las cuales me siento igual. En ciertos países en Indonesia, además, literalmente hay una lengua diferente para hablar con personas de clases diferentes. Es un poco con el uso de “usted” en la lengua española: teóricamente, solamente se usa en una situación en la cual la persona con quien se habla es un superior. En cada conversación, discurso, diálogo, entonces, hay la implicación de un intercambio de poder. Puede ser que las dos personas que hablan son iguales (en clase, edad, etc.), pero en esta situación hablan de una forma diferente a diferencia de la que hablarían con los superiores. Es interesante, además, que cuando aprendemos lenguas nuevas, nos enseña la legua formal para que podamos comunicar con más gente. La lengua informal, entonces, es un poco más difícil aprender porque tenemos que entrarnos en una situación en la cual nos sentimos cómodos, aunque sea en una lengua diferente.
Para mí, en Catalunya, este juego de poder con la lengua era muy importante. Aprendí que durante el franquismo, los catalanes no podían hablar en catalán, sino en castellano. Pero cuando terminó la dictadura, había un intento de revitalizar la lengua catalana, aunque muchas personas no la sabían. Ahora, obviamente, catalán es enseñado en las escuelas y está en cada fórum público. Como yo solamente aprendía castellano, no tenía muchos problemas en comunicar con la gente en Catalunya, pero definitivamente sentí inferior cuando no podía hablar en catalán. Cuando voy a países hispanohablantes, o cuando hablo con personas cuya primera lengua es española, quiero romper el estereotipo de los americanos que solamente saben hablar inglés. Pero cuando fui a Barcelona, aunque sabía la lengua castellana, me sentí muy incómoda e inferior por no saber cómo hablar en catalán. Si lo hubiera aprender en cuatro meses, lo habría hecho; sin embargo, pasar solamente este tiempo en un país no me permite aprender mucho. Aunque podía comunicar de una manera, me sentí inferior porque no podía hablar con la gente en su lengua preferida, la lengua de la región. Esta inferioridad que sentía también implica otra cosa que quiero enfatizar: el poder de comunicación. Para mí, la razón principal en aprender una lengua no es para leerla ni escribir, sino que para comunicar con la gente que habla ella misma. Escogí español, además, porque estoy muy cerca de muchas personas que solamente hablan español. Querría aprender todas las lenguas para que pueda comunicar con el mayor número de personas posible, pero sería básicamente imposible. Pero en mi opinión, la persona que puede hablar más lenguas tiene más poder porque tiene la capacidad de comunicación con tantas personas.
Wednesday, March 3, 2010
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