Wednesday, January 27, 2010
Sarah Millar
Cuando leí “Rasguñas en la mente,” me recordaba un poco de unas cuestiones que tenía antes de ir a Barcelona. Aunque había estado en Sevilla cinco años antes, realmente no sabía mucho de la gente de Catalunya. Las únicas ideas que tenía eran las de las clases que había tomado e investigaciones que había hecho para las mismas clases. Tenía en mi mente una idea de cómo actuarían los catalanes, especialmente en contraste a las andaluces. Pero en leer este ensayo, me daba cuenta de que mis suposiciones de los catalanes sólo estaban basadas en lo que había leído y lo que había conocido en Sevilla. Para dar un ejemplo muy firme, cuando comunicaba con mi familia catalana, tenía en mi mente ciertas imágenes i suposiciones de cómo serían la madre y la hija. Había comunicado con la hija un poco más porque ella tenía la misma edad que yo, entonces suponía que ella sería como yo, aunque fuera catalana. Cuando llegue, me sorprendió la diferencia entre las imágenes que tenía y la realidad. Mi hermana era muy “punk-rock,” como yo no soy; pero la imaginaba tal como yo, hablando una lengua diferente. Este equivoco también me conecto con el ensayo de Ortega, “Corazón y cabeza.” Él habla de los sentimientos y el valor de nuestras experiencias en la cultura: dice que “sabemos muchas más cosas, poseemos una técnica prodigiosa, material y social.” No obstante, nuestra fijación en la importancia del cerebro en procesar nuestras experiencias desvalúa ciertas emociones que podríamos tener. En vez de sentir con la cabeza, entonces, deberíamos sentir con el corazón. Pero ¿podemos valuar algo que no hemos visto antes? ¿Sabríamos si lo nos gusta o no? Su conclusión es que cuando vemos y oímos el mundo, tenemos ciertas preferencias en que enfocamos: otras imágenes o ruidos no nos importan tanto. En mis primeros días en Barcelona, creo que este fenómeno me pasó. Había estado en España antes, aunque fuera muchas millas al sur. Sin embargo, cuando entré en la ciudad para la primera vez, reconocía muchos nombres en los edificios y estilos arquitecturales. Cuando estuve en Sevilla, estos mismos nombres y estilos fueron las cosas en que enfocaba mucho. Pero en Barcelona, como los reconocía, empezaba ver más de la ciudad misma, fuera de los familiares. Veía signos en catalán, tiendas pequeñas que nunca vería en ninguna otra parte: estaba tomando todo de la ciudad que no conocía. Pero a la vez, no me sentía ni me siento que estaba viéndola y tomándola solamente con los pensamientos en la cabeza sino que también estaba sintiéndola con todo mi ser. Obviamente en mi mente estaba pensando en las diferencias entre Barcelona y Sevilla, entre Barcelona y los EE.UU…pero además estaba maravillándome de la ciudad, que podía sentir en mi cuerpo mismo. Me sentía ansiedad, emoción, y felicidad en la ciudad; pero todos los sentimientos me sentía físicamente en el corazón además de mentalmente. Finalmente, en la entrevista de Joseph Campbell, encontré una comparación muy rara a mi misma experiencia. Campbell habla del héroe, que define como alguien (usualmente un hombre) que hace una obra espiritualmente. Cuando termina o realiza su obra, el héroe se siente cambiado, con un entendimiento más profundo de su mismo. Aunque a mí me sentía la misma emoción, no me compararía con un héroe. De una manera, he hecho una obra espiritual, pero con respecto a las otras características de un héroe, sólo me consideraría una aventurera.
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