Denisa Jashari
Al leer las lecturas de Ortega, Isaac y Campbell, uno se encuentra analizando a si mismo y re-volviendo a las acciones, actitudes y percepción de un pasado reciente. Las experiencias en el extranjero son más que un viaje aventurero. Iniciamos este viaje en búsqueda de algo, quizás en búsqueda de algo nuevo, de conocimiento, de encuentros, de paisajes que solo hemos imaginado. Otras veces, en búsqueda de nosotros mismos, esperando reforzar nuestra identidad, lo que somos, lo que queremos ser, lo que debemos ser. Cuando decidimos vivir y estudiar en el extranjero, aceptamos implícitamente el desafío del encuentro con lo “otro,” una cultura y costumbres nuevas y en este momento, decidimos entrar y participar en esta cultura nueva, aunque sea temporalmente. Y cuando hacemos parte de esta cultura nos damos cuenta que nosotros no somos los únicos con percepciones construidas del “otro,” no somos los únicos con prejuicios, pero nos encontramos con los prejuicios que los “otros” tienes de nosotros, porque para ellos nosotros somos sus “otros.” Este reconocimiento puede acercarnos a ellos, o puede alejarnos. Pero si nos dejamos llevar por el momento y ponemos todos nuestros miedos, prejuicios y percepciones en una caja cerrada, nos sorprendemos de nosotros mismos y de los demás. En mi caso, me di cuenta que la cultura chilena y la albanesa tiene mucho en común, aunque son dos países en dos partes distintas del mundo. Y la mejor parte de todo, es que cuando decidimos vivir la realidad de otros libremente, sentimos su cultura, su mundo, su país, como lo nuestro, nos identificamos con lo “otro.”
Mi experiencia en Chile me ha hecho reflexionar sobre preguntas de ¿Qué es un hogar? ¿Cuál es mi hogar? ¿Por qué me fue más difícil alejarse de Chile que de los EEUU? ¿Por qué siento una conexión más fuerte a un lugar y gente que he conocido por 5 meses que un lugar y gente que he conocido por 8 años? Aunque no he llegado a una conclusión definitiva el proceso de auto-análisis ha empezado. No he llegado a aceptar a los Estados Unidos como un hogar, sino como un lugar donde yo soy ajena y no por decisión mía, sino ir a Chile, no solo fue mi decisión, sino que allí por primera vez en muchos años sentí que pertenecía. Entonces dejar a este supuesto “hogar” para regresar a un “no-hogar,” fue muy difícil y hizo mi transición a “gringolandia” una experiencia emocionalmente héctico.
Nuestras percepciones de la cultura y de la gente se rompen en el momento que decidimos entrar a esta cultura y vivir como los demás dentro de ella, sin prejuicios, sin rechazarla. Es en este momento que rompemos las fronteras que la sociedad de origen nos ha creado en la mente durante todas nuestras vidas, sean fronteras reales o imaginarias. Pero lo que nosotros vemos, o decidimos ver, es solo una fracción, un fragmento de la “realidad”. Porque como Ortega explica, el hecho de ver esto implica no ver aquello. Y nuestro acto del ver ha sido precedido por percepciones e ideas de lo que preferimos ver, o pensamos que debemos ver. Es esta “preferencia anticipada” lo que nos limita ver más allá de lo normal para nosotros y lo que construye nuestro registro de imágenes y memorias en el extranjero (Ortega, 151). Esto explica en parte porque personas que estudian en el mismo lugar tienen experiencias distintas del uno al otro. Me pregunto entonces, ¿Miré yo a la cultura y la gente de Chile por lo que eran? ¿O solo vi lo que quería ver, lo que necesitaba ver?
28 de enero, 2010
Hartford, CT
Al leer las lecturas de Ortega, Isaac y Campbell, uno se encuentra analizando a si mismo y re-volviendo a las acciones, actitudes y percepción de un pasado reciente. Las experiencias en el extranjero son más que un viaje aventurero. Iniciamos este viaje en búsqueda de algo, quizás en búsqueda de algo nuevo, de conocimiento, de encuentros, de paisajes que solo hemos imaginado. Otras veces, en búsqueda de nosotros mismos, esperando reforzar nuestra identidad, lo que somos, lo que queremos ser, lo que debemos ser. Cuando decidimos vivir y estudiar en el extranjero, aceptamos implícitamente el desafío del encuentro con lo “otro,” una cultura y costumbres nuevas y en este momento, decidimos entrar y participar en esta cultura nueva, aunque sea temporalmente. Y cuando hacemos parte de esta cultura nos damos cuenta que nosotros no somos los únicos con percepciones construidas del “otro,” no somos los únicos con prejuicios, pero nos encontramos con los prejuicios que los “otros” tienes de nosotros, porque para ellos nosotros somos sus “otros.” Este reconocimiento puede acercarnos a ellos, o puede alejarnos. Pero si nos dejamos llevar por el momento y ponemos todos nuestros miedos, prejuicios y percepciones en una caja cerrada, nos sorprendemos de nosotros mismos y de los demás. En mi caso, me di cuenta que la cultura chilena y la albanesa tiene mucho en común, aunque son dos países en dos partes distintas del mundo. Y la mejor parte de todo, es que cuando decidimos vivir la realidad de otros libremente, sentimos su cultura, su mundo, su país, como lo nuestro, nos identificamos con lo “otro.”
Mi experiencia en Chile me ha hecho reflexionar sobre preguntas de ¿Qué es un hogar? ¿Cuál es mi hogar? ¿Por qué me fue más difícil alejarse de Chile que de los EEUU? ¿Por qué siento una conexión más fuerte a un lugar y gente que he conocido por 5 meses que un lugar y gente que he conocido por 8 años? Aunque no he llegado a una conclusión definitiva el proceso de auto-análisis ha empezado. No he llegado a aceptar a los Estados Unidos como un hogar, sino como un lugar donde yo soy ajena y no por decisión mía, sino ir a Chile, no solo fue mi decisión, sino que allí por primera vez en muchos años sentí que pertenecía. Entonces dejar a este supuesto “hogar” para regresar a un “no-hogar,” fue muy difícil y hizo mi transición a “gringolandia” una experiencia emocionalmente héctico.
Nuestras percepciones de la cultura y de la gente se rompen en el momento que decidimos entrar a esta cultura y vivir como los demás dentro de ella, sin prejuicios, sin rechazarla. Es en este momento que rompemos las fronteras que la sociedad de origen nos ha creado en la mente durante todas nuestras vidas, sean fronteras reales o imaginarias. Pero lo que nosotros vemos, o decidimos ver, es solo una fracción, un fragmento de la “realidad”. Porque como Ortega explica, el hecho de ver esto implica no ver aquello. Y nuestro acto del ver ha sido precedido por percepciones e ideas de lo que preferimos ver, o pensamos que debemos ver. Es esta “preferencia anticipada” lo que nos limita ver más allá de lo normal para nosotros y lo que construye nuestro registro de imágenes y memorias en el extranjero (Ortega, 151). Esto explica en parte porque personas que estudian en el mismo lugar tienen experiencias distintas del uno al otro. Me pregunto entonces, ¿Miré yo a la cultura y la gente de Chile por lo que eran? ¿O solo vi lo que quería ver, lo que necesitaba ver?
28 de enero, 2010
Hartford, CT
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